Es increíble cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer..... y ya hace tres meses que no doy palo en el blog. Como iba contando, mi pueblo ha sido para mí algo muy importante. No sé muy bien por qué, pues tenía yo dos añitos cuando me trajeron a Madrid. Y es que en el fondo, nunca me he sentido madrileño del todo. Lo entenderéis mejor si os enseño una foto de Novella:
¡Ah! que no es para tanto.....Bueno, según se mire. Para mí, ir a Novella era un soplo de aire fresco... y nunca mejor dicho, ya que en Madrid, vivíamos en pleno Atocha, donde el aire fresco era algo que no abundaba. Por otra parte yo no salía de casa si no era para ir al parque (quiero decir al paseo del Prado), al otro parque más lejano (quiero decir el Retiro) o al parque más próximo (la acera del paseo de Santa María de la Cabeza), dónde para colmo de males, sólo había niñas y me tenía que divertir jugando a la goma, a la comba y a otros maravillosos entretenimientos. Por lo tanto, entenderéis que al llegar a Novella, encontraba diversiones magníficas, como jugar al rulo, ir a coger caracoles o simplemente tirar piedras intentando llegar al tejado del campanario de la Iglesia desde la puerta de mi casa.