No sé si ya he escrito en alguna parte sobre esto, pero os aseguro que no es algo que me haya inventado.
Sí, yo tuve un elefante en casa. Os explico: Mi casa tenía un patio interior tipo corrala, en el cual, a nivel de calle, a principios del siglo 20, había cuadras o caballerizas para coches de caballos. Debió ocurrir que, probablemente pasó un circo que, seguramente iría a actuar en el entonces famosísimo Circo Price. Imagino que sería mucho más barato alojarse allí por una noche, antes de su actuación.
El caso es que el patio de mi corrala era como un pequeño safari. Recuerdo alguna cebra y sobre todo un elefante bastante grande, cuya trompa casi llegaba al 2º piso, dónde yo vivía. También recuerdo al elefante el día siguiente bebiendo un cubo de agua de un único sorbo en el camión aparcado al lado de mi casa. Sí, el camión estaba aparcado al lado de mi portal, en el Paseo de Santa Mª de la Cabeza, en dirección contraria al sentido de circulación actual, es decir, en dirección Atocha. Os podéis imaginar que el tráfico, en los años 60 era casi inexistente. Incluso si jugábamos con una pelota y se nos caía a la calzada, corríamos a por ella esquivando a los pocos coches que pasaban por allí.
En una de las casitas de las caballerizas, recuerdo a Mauricio, un pobre hombre que hacía las veces de guardés de las cocheras. Siempre estaba borracho y lo recuerdo tambaleándose por nuestra escalera. También recuerdo que tenía un perrazo, al que todos llamábamos "el oso", porque de perro no tenía pinta alguna. Todos temíamos cruzarnos con él por la escalera. Si no recuerdo mal, tiró por la escalera a más de un vecino, y entre ellos, a mi hermana Pili.
Lo que no cabe duda es que pocas personas en Madrid podrán decir que tuvieron un elefante en su casa. Yo soy una de ellas.
jueves, 26 de julio de 2018
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