lunes, 15 de marzo de 2010

MICASA DE ATOCHA




Mi pueblo era bonito, pero mi punto de vista, de niño, no era ni mucho menos real. La realidad era que la tierra era improductiva, que no existían casi pastos para el ganado (si llamamos ganado a tener una o dos vacas en el mejor de los casos, un par de cerdos y unas cuantas gallinas). Los pocos pastos que había, desaparecieron con la "repoblación forestal" de la postguerra y la situación se volvió insostenible para una familia como la mía, compuesta por padre, madre, tía y cinco hermanos, de los cuales, cuatro eran chicas.


La situación se hizo tan difícil, que mis padres tuvieron que plantearse venir a la capital (Madrid) en el año 1957 más o menos. Recogieron lo poco que había en Novella y lo ahorrado, que tengo entendido ascendía a unas veinte mil pesetas y uno a uno, según iban encontrando trabajo mis hermanas, nos instalamos en Madrid. La casa era minúscula (aunque a mi no me lo pareció nunca). Tendría unos 35 metros cuadrados habitables y allí vivimos hasta ocho personas felizmente. Tenía dos habitaciones, salón, cocina y water (que no aseo). La casa formaba parte de una especie de "corrala" típica del barrio de Lavapiés (cercano a Atocha, que era nuestro barrio).
Pocas cosas tengo que contar de mi infancia. Debe ser que dada la superprotección que ejercían sobre mi todos los miembros de mi familia, no tenía ni oportunidad de cometer excesivos desmanes. Lo que si recuerdo es que era muy caprichoso y que cualquier cosa que no me era concedida, la pagaba sobre todo con las espinillas de mi hermana Loli, la pequeña, que es quien más me tuvo que aguantar en aquellos años. No sólo aguantaba mis patadas, sino que me tenía que contar cuentos inventados si quería que me durmiese pronto por la noche. Yo, para corresponder, me hacía pis en la cama "noche si y noche también". Tengo que aclarar que dormí con ella en una cama plegable hasta los siete años por lo menos, ya que no había sitio en casa para camas individuales.
Hasta los 9 años no entró la tele en casa. Tener tele en aquellos tiempos era un auténtico lujo asiático. Si no recuerdo mal, costó 21000 pesetas de entonces. La marca era LAVIS y por supuesto, era en blanco y negro. Imagino el esfuerzo que tuvo que hacer mi madre para ir reuniendo el dinero suficiente. Quiero aclarar que mi madre era la administradora única de la familia y siempre fue la mejor haciendo "apartadillos". Todos nosotros sabemos bien qué significa esa palabra.



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