martes, 29 de mayo de 2018

HERMANITOS

Aunque en algún capítulo ya he hablado de ellas, tengo que dedicar uno especial a mis hermanas.
Por orden de mayor a menor: Concepción (conocida mayormente como la tía Conchi), Pilar, Milagros y Loli (la pequeña de las cuatro).


FOTO PREVIA A MI BODA el 16-6-1984

Empezaré por la mayor, Conchi. No he conocido en la vida a nadie con mejor talante y mejor persona que mi hermana Conchi. Como trabajadora, incansable. Más de 40 años en dos tiendas de confección en la Calle del Conde de Romanones de Madrid (ATANCE se llamaba) y después en MARPETEX (Marcial Pérez Textiles), situada en la Plaza de Tirso de Molina (calle de Jesús y María,4 ). Ella fue siempre el alma de la tienda. Dedicó toda su vida y enriqueció al señor Marcial, el cual le agradeció sus servicios sin indemnización alguna (aunque le hizo firmar que la había percibido) y la envió al paro sus dos últimos años activos. En el fondo le hizo un gran favor, aunque su intención no fuese nunca esa, sino la de quitarse de encima la tienda a cambio de unos buenos dineritos procedentes de los chinos que en esos años ya empezaban a recalar poco a poco en nuestro país.
Como os decía, mi hermana Conchita  era y es una gran trabajadora. Aún hoy abusamos de ella con nuestras solicitudes de arreglos de pantalones, faldas, vestidos y todo lo que se os pueda ocurrir. Y es que siempre fue una modista de altura, a pesar de que nunca se dedicó a ello profesionalmente.
Mi hermana Pilar, la segunda, era la guapa de la familia. La hermana con la que casi todos querían ligar, aunque es cierto que en los bailes de juventud, era difícil distinguirlas, dado el gran parecido entre ellas. Incluso hubo algún pretendiente que llegó a confundir unas con otras.
Casada y con tres hijos, dejó el trabajo para dedicarse a su marido y sus hijos, como era costumbre en la época. Su dedicación era tal, que siempre le parecía que sus hijos comían poco y que la casa no estaba suficientemente limpia. Con el tiempo no ha sabido asumir que los tiempos han cambiado y que las prioridades no son las mismas, lo cual le ocasiona sufrimientos un poco inútiles.
Mi tercera hermana (por edad) es la que todos dicen que es quizá la más parecida a mi. Siempre fue la más habladora. Me han contado que cuando nací me echó una "maldición". Dijo: ¡Ojalá mi hermano salga clavadito a mí! y parece que en algunas cosas, así ha sido. Algunas no son especialmente buenas, como que los dos tenemos a veces exceso de verborrea o la dejación que hacemos de ser responsables a la hora de cuidar de nuestros achaques, que se van manifestando poco a poco.
Por último, la pequeña, Loli. Mi hermana Loli es mi debilidad. Es posible que sea la persona más fuerte de la familia. Las decisiones más importantes siempre las tomó ella. Los demás, nos dejamos llevar siempre por su intuición. Recuerdo, entre otras cosas, que me envió al servicio militar voluntario y es algo que le tengo que agradecer, porque a mí no se me habría ocurrido nunca y significó que con 21 años ya tenía libre el camino para iniciar mi vida laboral.
Como ya conté en otro capítulo, mi hermana se hizo durante mucho tiempo un poco responsable de mí. Desde llevarme y traerme al colegio hasta aguantar mis enfados infantiles a base de recibir patadas en las espinillas. Por la noche, me contaba cuentos inventados que yo le hacía repetir una y otra vez y nunca se lo he agradecido suficientemente.
La verdad es que no se puede tener más suerte. Mis hermanas han sido y son parte muy importante para mí.
Existe otra "casi hermana" que no puedo olvidar: Mi prima hermana Antonia. La recuerdo siempre con nosotros, desde que yo era bien pequeño. Unas veces en nuestra casa y otras (la mayoría de las veces), en la suya, que era más grande (el 3º B). Hoy en día, vive con mis dos hermanas Conchita y Loli y están tan unidas que se las conoce en la familia y en parte de Guadalajara como "LAS ANTONIAS".


  

viernes, 4 de mayo de 2018

REZOS EN FAMILIA

Nuestra familia ha sido y es muy religiosa. Yo no lo soy tanto, pero intento relatar aquí momentos de mi vida que de alguna manera no marcaron a todos.
No sé qué Papa de la Iglesia católica, inventó un slogan que se hizo famoso hace 40 años: "La familia que reza unida, permanece unida". Mi madre, que se lo tomaba todo al pie de la letra, sobre todo aquello que decían los papas, estableció la norma de rezar el rosario todos los días de la semana en familia. Es un recuerdo agridulce, porque constituía más una obligación que otra cosa.
Nos reuníamos los habitantes de las dos casas, la nuestra y la de mi tío y primos hermanos, que vivían en el 3º B. No había día que entre los participantes no hubiese más de uno que acabase dormido, casi siempre mi tío Félix, porque era un verdadero sacrificio no hacerlo después de un día de trabajo (y no me refiero a mi persona, porque yo era bastante jovencito y no trabajaba). Eso sí, recuerdo muchas cosas de aquellos días, entre ellas, que cada día de la semana se rezaban 5 misterios, a modo de meditación. Cada misterio iba seguido de un padre nuestro y diez avemarías y tras ellos, se rezaba una "Letanía". Los lunes y sábados se rezaban los "misterios gozosos". Los martes y viernes, los "dolorosos". Los miércoles y domingos, los" misterios gloriosos" y los jueves, los "misterios luminosos" (esto lo he leído en internet, pero a mí no me suena que los de los jueves se llamasen los  misterios luminosos).
Yo me llegué a aprender los misterios. Me los sabía todos, porque a veces me tocaba ser el director del rosario. Incluso llegué a aprender la "letanía", que ponía punto y final a cada rezo . No recuerdo tampoco cómo dejamos de cumplir con esa costumbre, pero sí sé que duró varios meses (no sé si algún año)  y sé que sirvió para afianzar vínculos familiares que de otra forma quizá no hubiesen existido.