
Sería injusto del todo no dedicar un capítulo a una persona de la que aún no he hablado: la tía Rafaela. La tía Rafaela, como ella misma decía, fue como una segunda madre para nosotros. Hermana de mi madre, vivió en casa siempre, ayudando, a su manera, a criarnos y a educarnos. Digo "a su manera", porque a pesar de su carácter especial y a ser un poco cascarrabias, tuvo mucha influencia en nuestras vidas. Y sobre todo, porque nos quería, como ella decía "como si fuéramos sus hijos".

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