Hay anécdotas que es mejor no contarlas o mejor aún, no haberlas vivido. Esta es una de ellas. Lo que voy a contar, es exactamente lo que pasó en un frustrado día de celebración familiar.
Teníamos pendiente una comida con mis hermanas Conchi y Loli. Aprovechamos que había venido nuestra hija Loli de Bruselas y me parece recordar que vino Julien también. Además venía la Abuela Lola, madre de mi mujer.
En otra ocasión, con mis consuegros, habíamos comido en Casa María, pero en la situada en la calle Atocha, y nos causo muy buena impresión. En esta Ocasión decidimos hacerlo en la Plaza Mayor, dónde también habíamos comido con nuestros amigos Juan Carlos y Mati en meses anteriores.
Este relato es exactamente el que hice al día siguiente al dueño del restaurante, que llamaba para pedir explicaciones por nuestra negativa a pagar la cuenta. Le dije exactamente: Escuche Vd. y considere si lo que le voy a relatar es suficiente para no haber pagado la cuenta:
RELATO PORMENORIZADO DE LOS HECHOS (Recopilado a las tres de la mañana ante la imposibilidad de pegar ojo):
-Nos presentamos en Casa María a las 2,30, hora reservada el día anterior.
Teníamos pendiente una comida con mis hermanas Conchi y Loli. Aprovechamos que había venido nuestra hija Loli de Bruselas y me parece recordar que vino Julien también. Además venía la Abuela Lola, madre de mi mujer.
En otra ocasión, con mis consuegros, habíamos comido en Casa María, pero en la situada en la calle Atocha, y nos causo muy buena impresión. En esta Ocasión decidimos hacerlo en la Plaza Mayor, dónde también habíamos comido con nuestros amigos Juan Carlos y Mati en meses anteriores.
Este relato es exactamente el que hice al día siguiente al dueño del restaurante, que llamaba para pedir explicaciones por nuestra negativa a pagar la cuenta. Le dije exactamente: Escuche Vd. y considere si lo que le voy a relatar es suficiente para no haber pagado la cuenta:
RELATO PORMENORIZADO DE LOS HECHOS (Recopilado a las tres de la mañana ante la imposibilidad de pegar ojo):
-Nos presentamos en Casa María a las 2,30, hora reservada el día anterior.
-Pedimos que pongan la
calefacción, por que el frío era intenso.
-Limpiamos platos y vasos, con
puntitos rojos de la tierra caída del techo
-Pedimos una copa que faltaba y
que nos cambien otras dos, sucias.
-A las 3,15 horas, tres cuartos
de hora después de haber entrado, el camarero se disculpa por tercera vez por
la tardanza en atendernos y nos explica que no tienen suficiente personal
porque están atendiendo la terraza exterior.
- 3,20, el camarero nos trae tres
barras de pan, que compartimos entre las diez personas presentes y ya
hambrientas. Nos explica que ahora trae más, porque no sé que narices pasa. Le
decimos que no se vaya y que por favor nos tome nota de los entrantes y de los
segundos platos, ya que si el pan ha tardado 50 minutos, no sabemos lo que
tardará el resto de platos.
-Nos sirven los entrantes y
veinte minutos después, se disculpa de nuevo el camarero y nos dice que no
puede traer carne, porque no hay entrecot ni solomillo, los cuales habíamos
encargado para seis de las diez personas.
-Ante la disyuntiva de comer o
irnos a casa, decidimos comer a base de entrantes, tostas y otros primeros, así
como dos raciones de callos, pidiendo una nueva botella de vino.
-Traen las tostas y una de callos
y las devoramos rápidamente. Eso sí, sin vino, que no llegan a traer pero que
aparece en la nota final.
-Además, uno de los platos de
pescado, merluza en concreto, no lo sirven (al menos no lo incluyen en la nota
final).
- La abuela, que pidió rape, se
vuelve loca buscando el pescado entre la cama de puré de patata. Consigue
encontrar un trozo del tamaño de un dedo.
- A las cuatro y veinte, nos
traen el segundo plato de callos, que rechazamos porque estamos ya satisfechos
de comer pan y tostas. Por cierto, los callos que devolvemos, se incluyen en la
nota final también.
-A las 4,40, decidimos no pedir
postre ni café, dado que no hemos comido…y salimos. Curiosamente, se muestran
todo lo diligentes que no han sido durante la comida y nos avisan que no hemos
abonado la cuenta. Les decimos que lo sabemos y que queremos el libro de
reclamaciones y hablar con un encargado, de la cuenta y del trato recibido.
-La encargada, eso si, con
bastante educación, se hace la remolona para traer el libro de reclamaciones y
nos dice que eso nos ha pasado porque no habíamos reservado. Le aclaramos que
sí habíamos reservado, lo comprueba y nos pide nuevamente el teléfono para que
alguien de la empresa se ponga en contacto con nosotros. Se lo damos y abandonamos
el restaurante a las 4,45, porque al ir con personas mayores, abuela incluida,
no podemos quedarnos allí a seguir pidiendo responsabilidades si no hay
nadie de la empresa a quien pedirlas.
-No entiendo por qué los precios
ni la carta que figuran en Internet, no coinciden con los del restaurante, unos
en importe inferior y otros en importe superior.
Mientras le leía todo esto, no dejé abril la boca al encargado. Podéis suponer que, después del relato telefónico, no pudo hacer otra cosa que disculparse y ponerse a nuestro servicio para futuras celebraciones y por supuesto, decirnos que no era necesario que pagásemos la factura, cosa que ya teníamos decidido no abonar.
Mientras le leía todo esto, no dejé abril la boca al encargado. Podéis suponer que, después del relato telefónico, no pudo hacer otra cosa que disculparse y ponerse a nuestro servicio para futuras celebraciones y por supuesto, decirnos que no era necesario que pagásemos la factura, cosa que ya teníamos decidido no abonar.

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