martes, 31 de octubre de 2017

CASA MARÍA















Hay anécdotas que es mejor no contarlas o mejor aún, no haberlas vivido. Esta es una de ellas. Lo que voy a contar, es exactamente lo que pasó en un frustrado día de celebración familiar.
Teníamos pendiente una comida con mis hermanas Conchi y Loli. Aprovechamos que había venido nuestra hija Loli de Bruselas y me parece recordar que vino Julien también. Además venía la Abuela Lola, madre de mi mujer.
En otra ocasión, con mis consuegros, habíamos comido en Casa María, pero en la situada en la calle Atocha, y nos causo muy buena impresión. En esta Ocasión decidimos hacerlo en la Plaza Mayor, dónde también habíamos comido con nuestros amigos Juan Carlos y Mati en meses anteriores.
Este relato es exactamente el que hice al día siguiente al dueño del restaurante, que llamaba para pedir explicaciones por nuestra negativa a pagar la cuenta. Le dije exactamente: Escuche Vd. y considere si lo que le voy a relatar es suficiente para no haber pagado la cuenta:
RELATO PORMENORIZADO DE LOS HECHOS (Recopilado a las tres de la mañana ante la imposibilidad de pegar ojo):
-Nos presentamos en Casa María a las 2,30, hora reservada el día anterior.
-Pedimos que pongan la calefacción, por que el frío era intenso.
-Limpiamos platos y vasos, con puntitos rojos de la tierra caída del techo
-Pedimos una copa que faltaba y que nos cambien otras dos, sucias.
-A las 3,15 horas, tres cuartos de hora después de haber entrado, el camarero se disculpa por tercera vez por la tardanza en atendernos y nos explica que no tienen suficiente personal porque están atendiendo la terraza exterior.
- 3,20, el camarero nos trae tres barras de pan, que compartimos entre las diez personas presentes y ya hambrientas. Nos explica que ahora trae más, porque no sé que narices pasa. Le decimos que no se vaya y que por favor nos tome nota de los entrantes y de los segundos platos, ya que si el pan ha tardado 50 minutos, no sabemos lo que tardará el resto de platos.
-Nos sirven los entrantes y veinte minutos después, se disculpa de nuevo el camarero y nos dice que no puede traer carne, porque no hay entrecot ni solomillo, los cuales habíamos encargado para seis de las diez personas.
-Ante la disyuntiva de comer o irnos a casa, decidimos comer a base de entrantes, tostas y otros primeros, así como dos raciones de callos, pidiendo una nueva botella de vino.
-Traen las tostas y una de callos y las devoramos rápidamente. Eso sí, sin vino, que no llegan a traer pero que aparece en la nota final.
-Además, uno de los platos de pescado, merluza en concreto, no lo sirven (al menos no lo incluyen en la nota final).
- La abuela, que pidió rape, se vuelve loca buscando el pescado entre la cama de puré de patata. Consigue encontrar un trozo del tamaño de un dedo.
- A las cuatro y veinte, nos traen el segundo plato de callos, que rechazamos porque estamos ya satisfechos de comer pan y tostas. Por cierto, los callos que devolvemos, se incluyen en la nota final también.
-A las 4,40, decidimos no pedir postre ni café, dado que no hemos comido…y salimos. Curiosamente, se muestran todo lo diligentes que no han sido durante la comida y nos avisan que no hemos abonado la cuenta. Les decimos que lo sabemos y que queremos el libro de reclamaciones y hablar con un encargado, de la cuenta y del trato recibido.
-La encargada, eso si, con bastante educación, se hace la remolona para traer el libro de reclamaciones y nos dice que eso nos ha pasado porque no habíamos reservado. Le aclaramos que sí habíamos reservado, lo comprueba y nos pide nuevamente el teléfono para que alguien de la empresa se ponga en contacto con nosotros. Se lo damos y abandonamos el restaurante a las 4,45, porque al ir con personas mayores, abuela incluida, no podemos quedarnos allí a seguir pidiendo responsabilidades si no hay nadie  de la empresa a quien pedirlas.
-No entiendo por qué los precios ni la carta que figuran en Internet, no coinciden con los del restaurante, unos en importe inferior y otros en importe superior.
Mientras le leía todo esto, no dejé abril la boca al encargado. Podéis suponer que, después del relato telefónico, no pudo hacer otra cosa que disculparse y ponerse a nuestro servicio para futuras celebraciones y por supuesto, decirnos que no era necesario que pagásemos la factura, cosa que ya teníamos decidido no abonar.

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