Era nuestro vecino puerta con puerta. Casado con la señora Lola, la cual tenía una hija, Alicia. Fueron nuestros vecinos durante casi treinta años.
Don Angel había sido un jefazo del Matadero Municipal de Legazpi y no tenía hijos, salvo Alicia. Puede ser por eso que me tuviese un cariño especial a mí. Yo debía ser el hijo que él habría deseado tener. El fue quien, con poco más de 9 años, me inició en la degustación de cerveza. Tenía un periquito al que daba de comer alpiste de su propia boca, cosa que me daba un poco de grima ver. También tenía una colección de tebeos de "El Jabato", famoso comic de los años 60. Además tenía armarios llenos de periódicos ABC. Mi primer regalo importante de Reyes lo recibí de él. Nada menos que un tren eléctrico. Tener un tren eléctrico en los años 60 para un niño, era como tener un scalectric en los 80. Un auténtico lujo. Tenía una máquina que pesaba un montón y que acabó en manos de mis sobrinos Luis Daniel y Roberto, hasta que un aciago día la tía Pili, es decir, mi hermana, se hartó de un armatoste que si se caía de las manos le podía romper un azulejo y decidió tirarlo.
Fueron unos buenos vecinos. Muy educados y algo clasistas. Amantes de los perros. Al menos Alicia les tenía veneración y su madre, la señora Lola consentía a regañadientes tenerlos en casa. A D. Angel no le gustaban nada, pero D. Angel era mayor y acabó falleciendo. Fue el momento para la adopción de perros. Alicia se hizo primeramente con un husky siberiano. Luego se hizo con un pastor alemán y luego una perrilla pequeñita de no sé que raza. Convivían todos juntos y supuestamente felices. El pastor alemán, parecía una vaca de grueso que estaba y aquí comienza la historia más truculenta. La primera anécdota de perros de mi blog no es una película, aunque lo podríais pensar .
La perra pequeña se subía habitualmente al sillón del salón, donde recibía carantoñas de su dueña. El pastor alemán, celoso, pretendía hacer lo mismo, pero dado que pesaba unos cien kilos, su dueña lo echaba del sillón con cajas destempladas. Sí, si,si, ya sé que "los perros no hacen nada" ó al menos, eso dicen sus dueños. Ocurrió que un día que la perrilla y el pastor alemán estaban solos en casa, el perro grande debió pensar: Esta es la mía y de una dentellada, mató a la perrilla, la arrastró por toda la casa y la escondió debajo de una cama en la última habitación. Imaginaos cuando llegó la dueña y vio el desaguisado. Y es que el instinto de los perros es como la razón en los humanos.
Mi madre, la abuela Dolores, lo decía muchas veces "los perros le van a traer algún disgusto a la señora Lola". Nosotros le decíamos que era una exagerada y que no había razón ninguna para ello. Pero, como casi siempre, tuvo razón. Os explico: Alicia y su madre eran personas muy gruesas, lo cual les impedía manejar a su perros y se vieron obligadas a contratar a personajes de dudosa calaña para pasearlos. Alicia, formaba parte de la junta directiva de la Sociedad Protectora de Animales, de dónde era presidenta su amiga, una conocida actriz de los años 70/80, llamada Paloma Cela. Sus "paseadores" de perros, debieron tener alguna reclamación a dicha sociedad y la sociedad no les atendió como ellos esperaban, así que decidieron cobrar por su cuenta la deuda que presuntamente existía.
La señora Lola no abría nunca la puerta a nadie. Abría una ventana de la casa que daba al corredor del patio interior de nuestra casa. En esta ocasión, seguramente porque conocía a los intrusos y con objeto de ser discreta ante la vecindad, abrió la puerta. Es la última puerta que abrió en su vida, porque la degollaron.
Sé que es una historia de película, pero sucedió tal cómo os lo he contado. Cogieron enseguida a los asesinos, porque mi amiga Marisa les vio sacar un televisor y se le ocurrió apuntar la matrícula de la furgoneta que había en la puerta, dado lo extraño de la situación. Os contaría más detalles escabrosos, pero para ello ya hay periodistas (o había), que las contaban en publicaciones como "El Caso". A lo mejor vendo la Historia para que hagan un guión de cine.
De este suceso, lo que más me quedó de por vida es la intuición de vuestra abuela.
La señora Lola no abría nunca la puerta a nadie. Abría una ventana de la casa que daba al corredor del patio interior de nuestra casa. En esta ocasión, seguramente porque conocía a los intrusos y con objeto de ser discreta ante la vecindad, abrió la puerta. Es la última puerta que abrió en su vida, porque la degollaron.
Sé que es una historia de película, pero sucedió tal cómo os lo he contado. Cogieron enseguida a los asesinos, porque mi amiga Marisa les vio sacar un televisor y se le ocurrió apuntar la matrícula de la furgoneta que había en la puerta, dado lo extraño de la situación. Os contaría más detalles escabrosos, pero para ello ya hay periodistas (o había), que las contaban en publicaciones como "El Caso". A lo mejor vendo la Historia para que hagan un guión de cine.
De este suceso, lo que más me quedó de por vida es la intuición de vuestra abuela.

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