jueves, 9 de marzo de 2017

MARGARITA

Uno de los seres que llenó nuestros sueños eróticos juveniles, fue Margarita.
Margarita era una chica feúcha de nuestro colegio a la que, por problemas de desarrollo, trataron con hormonas. Nunca unas hormonas surtieron tan buen efecto en nadie conocido, porque, de ser una chica fea, delgada y desgarbada, pasó a convertirse en el objeto de nuestras miradas....y de las miradas de otros muchos. Digo esto, porque no sé como ni por qué, pasó de ser una simple alumna a ejercer de cuidadora de niños pequeñitos del colegio, llamados entonces "párvulos". Se comentó que la razón de su contratación fue que estaba enrollada con el Director, D. Daniel Alonso Montero y no me extrañaría nada que fuese así, porque era una situación nada normal. Lo que sí recuerdo, dada la anatomía de Margarita, exuberante a más no poder, era la cantidad de veces que nos asomábamos a la ventana del segundo piso para ver a los niños jugar en el patio y sobre todo, para ver a su cuidadora, la cual procuraba dejar los dos primeros botones de su blusa sin abrochar para alegrarnos la vida. Posteriormente supe que otro de los que habían conseguido disfrutar de su encantos, pero de una manera mejor, fue José Ramón Martínez Márquez, compañero  de colegio entonces. Dicho así, quizá no os suene. Años después, sería conocido como "Ramoncín" o también como "El rey del pollo frito", cantante y personaje curioso. Tertuliano con Felipe González y diversos gobernantes del PSOE, "erudito" en todas las ramas del saber, opinaba hasta de aquello que desconocía. Llegó a ser directivo de la SGAE (Sociedad General de Autores), donde tuvo problemas legales y creo que se llevó lo que pudo. En resumidas cuentas, era un tipo que no era "santo de mi devoción". Yo le tenía bastante manía, sobre todo porque  había en él algo, mezcla de chulería y desparpajo, que hacía que se llevase a las chicas "de calle". Recuerdo haberle visto con dos muchachas, una de cada brazo, tremendas las dos, cuando el no tendría más de dieciséis o diecisiete años y yo todavía no sabía lo que era "comerse un rosco". Por cierto, él iba de traje y chaleco, imagen que dista mucho de la que vendió muchos años después, de barriobajero, punk y contestatario.  Alardeaba de ser un gran jugador de futbolín y no tenía puñetera idea. Alardeaba de haber robado cervezas en la fábrica del Aguila, cerca de la calle General Lacy y dudo que alguna vez lo hiciera. En revistas, llegó a decir que había estudiado en la Universidad y yo afirmaría que no había terminado ni el bachiller elemental. Creó un personaje ficticio que se creyeron muchos españoles y que aún hoy muchos se siguen creyendo. Lo que no cabe duda es que fue y es un auténtico personaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario